martes, diciembre 2

Jacinto R. Munguía en Holanda.


*JOSÉ ZEPEDA VARAS

01-12-2008

La Otra Guerra Secreta se llama el libro que ha escrito y publicado recientemente el periodista mexicano Jacinto Rodríguez Munguía. El subtítulo lo dice casi todo: los archivos prohibidos de la prensa y el poder. Se refiere a la época en que gobernaba el país el Partido Revolucionario Institucional, PRI. Las revelaciones son de mayor cuantía porque demuestran con documentos en mano el entramado de una connivencia que evitó muchas veces la censura porque los mensajeros habían sido cooptados por el poder.

JZ.- Había como una sensación en el país, antes de la aparición de este libro, que efectivamente durante el gobierno del PRI se produjo una suerte de connivencia, de acuerdos, de tejes y manejes entre el poder y los medios de comunicación, pero nunca se pensó que se podría documentar. Ha sido prácticamente una ‘bendición del cielo' -vamos a llamarla de ese modo- que esto pudiera ser así.

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Jacinto Rodríguez Munguía
 JR.- Sí, en realidad lo que teníamos eran relatos, testimonios, narraciones de esas relaciones prensa y poder. Nunca imaginamos, yo soy de los primeros, que esa relación se mantuviera documentada, que alguien guardara, que alguien dejara esos documentos de encuentros, de acuerdos, de pactos, cartas originales; cantidades, montos que se les daba a los medios de comunicación, a los directivos, a los periodistas... cómo ellos respondían; transcripciones de conversaciones entre los jefes de prensa del poder político y los directivos de los medios de comunicación. Digamos, toda la parte no visible, no palpable, no detectable de una relación prensa y poder que ocurre en todos los países, pero que en el caso de México va a tener agravantes porque se da y, sobre todo, se vuelve una relación muy sólida en los años más complicados; los años que además se conocen muy poco a nivel internacional.  Eso va a tener un efecto hasta nuestros días.

Hoy, la mayoría de los medios de comunicación que sobreviven -los grandes medios- tienen su historia ahí.  Digamos que ese es el ADN, el mapa genético de una relación prensa y poder en México, porque aún cuando hay una imagen de apertura, de distanciamiento con el poder, en el fondo es todavía una relación muy directa.

JZ.- Yo quisiera ir por partes. ¿Qué ocurrió históricamente para que aparecieran esos documentos?

La otra guerraJR.- Hay una cadena de casualidades.  El Presidente Vicente Fox, en algún momento cuando era candidato, prometió que se abrirían los archivos históricos. Él no supo, lo tengo casi comprobado, jamás imaginó ni se acercó a los documentos, ni pidió que se los dejaran ver.  No imaginó lo que se estaba abriendo.  Algunos, nos atrevimos a meternos.  Nos encanta este asunto de hurgar los papeles, de estar revisando... y se da esa casualidad, el encuentro fortuito con 3.052 cajas de un acervo que no estaba clasificado, porque esa es la riqueza de esta documentación.  Son 3.052 cajas que sobreviven a una serie de circunstancias, que se quedan en el rincón de una bodega de la Secretaría del Ministerio del Interior, y quien estaba en algún momento ahí... y no fue el candidato, porque esa era la naturaleza y la lógica del poder en México... no es el que va a relevar a Echeverría y en su enfado -según me cuenta alguien muy cercano a él- dice: ‘eso se queda'.

O sea, no se destruye, y es lo que sobrevive. La apertura, la promesa de Fox que nunca supo lo que hacía, junto con estas casualidades, va a llevar a que perduren 3.052 cajas que cuando llegan al Archivo General de la Nación en el 85' hasta donde tengo entendido, la entonces encargada, dice: ‘no es momento de abrirlas, pero tampoco las vamos a regresar'.

Y ahí nos las encontramos hace cinco o seis años.  Es una seguidilla de casualidades que van a hacer que lleguemos ahí y que nos encontremos con una serie de piezas que llevaron varios años y vas encontrando cómo se iban armando las columnas, las conversaciones, las nóminas, los recursos que se les daban a los periodistas. Es un poco la historia de esta información.

JZ.- La otra guerra secreta tiene al menos dos elementos que a mí me gustaría rescatar en el transcurso de nuestra conversación. El primero de ellos es el siguiente: que las diversas razones que se puedan dar respecto de la actitud de la prensa con el poder están determinadas, todas, por la conveniencia. ¿Tiene usted alguna idea de por qué primó la conveniencia? ¿Por qué esta claudicación -digamos- de los valores de la independencia periodística?

JR.- A mí me parece que el periodismo en México, en particular las empresas periodísticas, no han creado, no han generado una naturaleza, una cultura del distanciamiento con el poder... Estamos construyendo... creo que llegamos tarde como en muchas cosas y creo que hasta ahora, hasta hace sólo algunos años comenzamos a construir una visión distinta o alejada del poder.

La prensa en esos años -y ahí la conveniencia se legitimaba desde el poder y el poder se legitimaba con la prensa- había un pacto no escrito de que así eran las cosas. En algunas conversaciones que tuve con esos viejos periodistas, que hoy son todavía una pieza importante del periodismo, su argumento era ese: ‘es que así eran las cosas'. En esa frase se sintetiza toda una forma de ser, de actuar, toda una forma de imaginar y un concepto del periodismo en México. A ellos les convenía, no había por qué pelearse con el poder, por qué discutirle sobre todo cuando el poder mismo los legitimaba.  Era una legitimación de trascendencia.

Ahora, después de revisar durante varios años estos documentos y de ver como funcionaba el poder, creo que la prensa, los medios, muchos periodistas en esos años, también se sintieron un gran poder en México y a nivel internacional, porque en México la idea del cuarto poder era efectiva. Es decir que no era una frase, le llamaban ‘charola'... tener una placa, una credencial que te acreditaba como periodista, era la puerta a la impunidad. Era tener derecho a hacer lo mismo que hacía un político; había una conveniencia; o sea, ¿por qué tendrían que terminar eso? Los acontecimientos sociales rompieron con aquello, pero si no, podrían seguir así, sin problemas.

JZ.- Vamos a romper literalmente una lanza  por aquellos medios de comunicación de la época.  Se trataba de un gobierno autoritario; como se dice tantas veces de una ‘dictadura perfecta', de tal manera que había una presión sobre los medios.  Y cuando hay una presión -usted sabe- existe algo que se llama el miedo. Y el miedo puede ser determinante para la actitud de los seres humanos.

JR.- Por supuesto no hacemos a un lado esa parte. No niego que hubiera un gobierno autoritario y que en algunos rasgos se mantenga, pero bueno,  el de entonces era abiertamente autoritario, y sí había una intención de control. Ahí hay un documento, que es el que me da la estructura del libro, donde habla de una tiranía invisible.  Entonces, ¡claro que había un poder!  Con una visión, una trascendencia, y para ello necesitabas tener un control.  Pero esa es la nota de la historia. Y esa es una historia que a los medios -y lo digo desde los medios porque yo trabajo en ellos- nos es muy cómoda. Okay, sí; nos aplastaron, nos obligaron, nos controlaban, nos intimidaban con retirarnos concesiones, papel... eso es cierto, pero esa es la mitad de la historia. Hay otra parte que a quien le toca contarla no lo hace, y que son los medios de comunicación. Ahí es donde nos escudamos muy bien y brincamos una transición en México. Cuestionamos todo: el poder político, empresarios, iglesia... todos entran en un proceso de revisión.  ¿Y los medios? No hay revisión ni autocrítica porque no hay historia, porque a nosotros nos tocaba contarla y no lo hemos hecho. Si es cierto lo otro, pero esta otra parte mejor la escondemos.  No, también hay que decirla.  O sea, sí, nos equivocamos; sí, hubo errores, y sí hubo complacencia.

JZ.- Falta un mea culpa...

JR.- Creo que sí; no soy yo quien lo tenga que decir, ni siquiera si tengo que salir a pedir perdón  ni esas cosas... Una revisión de qué nos equivocamos como medios en algo tan elemental: el objetivo del periodismo en momentos tan difíciles.

JZ.- Ya lo decía usted, prácticamente al comenzar el libro aparece un documento que es realmente sensacional.  Primero porque es el resultado de una reflexión muy ponderada, no está escrito por un ignorante o un policía mal habido, sino que se trata de un intelectual del régimen que esboza toda una teoría de cómo llevar a la práctica lo que él llama efectivamente, una dictadura invisible, un poder que desde la sombra pueda manejarlo todo. Y claro, es una obra maestra anónima.

JR.- Sí, es una obra maestra del más alto nivel. La estrategia política llevada al ámbito de programa.  A algo que mira desde todos los ángulos  y que construye conceptos; no se queda solo en la práctica, que ese es otro asunto. Nosotros creíamos que no había quien controlara, detrás del poder. Cuando se encuentra ese documento y otros que por ahí relatan teorías sobre el rumor, cómo desatas el rumor en un momento determinado, cómo va corriendo de un lugar a otro...

JZ.- Como te diriges a los grupos particulares, que no puedes hablarle a todo el mundo igual...

JR.- Claro, la idea de la radio, cómo es, cómo  se utiliza la radio; qué tipo que gente, el perfil de los que escuchan la radio, o la prensa escrita o la televisión.

A ver, yo me incorporo a la universidad en el 86' u 87'.  Por el 90' empiezo a leer las grandes teorías sobre las estrategias sobre los medios.  Cuando me encuentro con este documento 10, 15 o 20 años después digo, quién lo hizo en el 65', porque la fecha que más encuentro es el 65'.  Y comparo con los idearios con el concepto que tenía Goebbels de la propaganda política y de verdad digo, con todo el  respeto a Goebbels que no se lo merece... ¡Sí, es una cosa increíble!  Es increíble cuando dice, vamos a utilizar lo mejor de las dictaduras para controlar; una dictadura que no se note, una tiranía invisible.  El concepto es sorprendente.

Vargas Llosa no se equivocaba, México era una dictadura perfecta, creo que tiranía invisible le queda mejor. Aclaro, uno se mete a esto y va encontrando quiénes -ya los tengo más o menos ubicados- quiénes eran esos personajes, filósofos, pensadores; gente que se fue a preparar a Europa, que era un grupo muy cercano a Luis Echeverría Alvarez, un equipo de trabajo de intelectuales que de algún modo construyeron estos grandes conceptos. No en balde estuvieron 70 años en el poder.

Creo que el libro rompe muchos esquemas de análisis.  Dejar de mirar a la historia como una serie de casualidades; hay causalidades, hay quien sí está pensando en la construcción de poder que duró 73 años. Quizás no tanto, la mitad todavía de los 60'. Duraron casi 40 años en el poder.

Creo que este documento a mí me desbordó emocionalmente, no imaginé encontrar algo así; anónimo sí; esos documentos se escriben anónimos, pero ahí están.  Está el archivo, ahí vienen las referencias y creo haber encontrado por ahí quién es el autor, el cual ya no vive, pero es increíble.

JZ.- Señor Rodríguez, se da la particular circunstancia que esta grabación se hace durante la semana de la radio y de la televisión en México y hace poquitas horas atrás, el Presidente Calderón ha hecho un discurso en la clausura de esta actividad, reiterando su compromiso irrestricto con la  libertad de expresión. ¿Cuánto han cambiado las cosas frente al tema de la libertad de expresión en su país?

JR.- Han cambiado en términos cuantitativos, creo que tienen que cambiar en términos cualitativos; no hay una disposición de separación de parte de los medios para con el poder.  Hay un discurso público que contradice las actitudes íntimas o no públicas de la relación con el poder.  Hay todavía una actitud de control de parte del Estado, terrible; no es abierta  y no es descarada como en los años 60' o 70', parte de los 80' del siglo pasado, pero sigue habiendo un gran control de la publicidad de parte del Estado para con los medios, es  un mecanismo todavía muy, muy complicado. El caso de la revista Proceso, por ejemplo, que lleva años sin tener acceso a ese tipo de recursos que son públicos y que tendrían que estar legalizados.  No hay una ley que norme ese tipo de criterio. Estamos parados todavía en una deuda, en una reflexión autocrítica. 

Creo que no podemos dar ese salto cualitativo cuando le debemos una explicación a la sociedad mexicana como medios, de qué hicimos y no hicimos en dos momentos claves: 68' movimiento estudiantil, pero sobre todo la guerra sucia.  De México no se conoce eso y fue peor que el 68'; hay una deuda terrible que cuando hablemos, creo que vamos a comenzara saldar cuentas.  Mientras tanto vamos a seguir teniendo lectores, radioescuchas y televidentes, pero no nos van a creer. En México un gran porcentaje no nos creen a los medios; nos consumen, pero eso no es credibilidad.

JZ.- Este es un país donde se asesina a muchos colegas nuestros.

JR.-  Sí, y eso nos estalla hace ya 5  o 6 años cuando comienzan a golpear al narcotráfico, comienza a haber una serie de crímenes y de atentados contra los medios y contra los periodistas, pero no es un problema nuevo. No digo que no sea importante; es importantísimo pero es un viejo problema que venimos arrastrando hace por lo menos 20 años.  Es cierto, se rompe el pacto entre medios, periodistas y poderes fácticos incluido también el poder político. Y en esa ruptura, en esta transición y rupturas que se dan quedamos desprotegidos. ¡Vamos!, no tenemos una sociedad que nos acompañe en la demanda de protección a periodistas.  Yo colaboro en la Fundación Prensa y Democracia, trabajo en la revista Emeequis, tengo relación con muchas organizaciones nacionales e internacionales de derechos a los periodistas y nos sentimos solos; no hay una sociedad que se sume a nuestras demandas para la protección a periodistas.  Nos la están cobrando.  Nosotros les  hemos  dado muchos años la espalda a la sociedad; hoy día nos las cobran con un aislamiento. Eso no quiere decir que no trabajemos, hay mucha preocupación.  Me temo que esto no va a tener un fin muy pronto, que es una historia todavía larga.  Colombia es un ejemplo; pasó algo parecido y apenas comenzaba. Creo que la historia todavía viene larga y esperemos salir de este túnel, como mejores medios y más solidarios que ése es otro asunto.

JZ.- Pese a que en estos tiempos se nos quiere convencer que es malo soñar, que no es bueno hablar de utopías ¿cuál sería para usted, en un futuro la relación que deberían tener los medios con el poder?

JR.- Yo también creo mucho en eso, en este tipo de trabajo hay  mucha gente que cree que uno lo hace desde la depresión y que tiene uno ganas de suicidarse...no; precisamente yo este tipo de trabajo lo hago con una gran felicidad, con una gran alegría por la vida porque creo que se pueden cambiar las cosas, porque si no, hubiera dejado las cosas ahí. Creo muchísimo en los medios, creo que viene una generación.  Creo que viene un par de generaciones que van a romper totalmente con lo que ha sido la relación prensa-poder.  Ya no hay opción. Le digo a los estudiantes, ‘todavía nosotros tuvimos el pretexto de que no teníamos las herramientas; nos faltaban cursos, nos faltaba actualización; ustedes ya no'

Creo que las generaciones que vienen no tienen opción, o son mejores periodistas y quieren una relación más con la sociedad, o tendrán que dedicarse a otra cosa.  Tienen todo, Internet, capacitación, mejores escuelas, mejor conocimiento; no hay opción.  Creo que va hacia un mejor estadio el periodismo y que lo que aportamos ojalá tenga que ver con eso.  Si no, de todos modos hay que seguir creyendo. Si algunos se equivocaron, eso no implica que tengamos que tirar la toalla; al contrario, amo el periodismo y me parece que no hay otro oficio con el cual podamos entendernos mejor con la gente. No le veo fin, hay esperanzas, sí, hay muchas; si no,  no estaríamos haciendo esto.

*José Zepeda Varas es Director del Departamento Español de Radio Nederland

lunes, noviembre 24

La guerra sucia en Culiacán


La desaparición de Juan Germán

Hace 30 años, Juan Germán salió de casa rumbo a la Prepa Central pero ya no regresó. Eran los tiempo en que el Estado enfrentó y desapareció a guerrilleros ¿Estuvo Juan Germán entre ellos? Esta es su historia

24-11-2008

"Si yo hubiera sabido que mi hijo iba a hacer otras cosas cuando lo mandaba a la escuela, hubiera preferido que no fuera nunca. "Ahora está desaparecido". Es la voz de Consuelo Carrasco viuda de Flores que tiene en sus manos la copia de un expediente del Archivo General de la Nación.

En él está la foto de su hijo Juan Germán, desaparecido el 19 de agosto de 1977. También un breve texto, que narra una historia desconocida para ella hasta hace unos años. "No supimos el peligro que se exponía mandar a un hijo a estudiar, tener una profesión. Si hubiera sabido el peligro que había allí, lo saco de estudiar y lo dejo en el taller (de herrería) con mi marido", expresa. En sus recuerdos, el rostro juvenil que muestra el documento enmicado, adquiere color. Juan Germán tiene nuevamente 17 años.

Ahora Juan va en primer año de la Preparatoria Central de la UAS. Es alegre, cariñoso, aficionado al futbol y pide a su madre que lo enseñe a bailar. Culiacán tiene entonces (1977) otra traza urbana, es más pequeño. El cine Diana exhibe en cartelera la


"Si yo hubiera sabido que mi hijo iba a hacer otras cosas cuando lo mandaba a la escuela, hubiera preferido que no fuera nunca. "Ahora está desaparecido". Es la voz de Consuelo Carrasco viuda de Flores que tiene en sus manos la copia de un expediente del Archivo General de la Nación.

En él está la foto de su hijo Juan Germán, desaparecido el 19 de agosto de 1977. También un breve texto, que narra una historia desconocida para ella hasta hace unos años. "No supimos el peligro que se exponía mandar a un hijo a estudiar, tener una profesión. Si hubiera sabido el peligro que había allí, lo saco de estudiar y lo dejo en el taller (de herrería) con mi marido", expresa. En sus recuerdos, el rostro juvenil que muestra el documento enmicado, adquiere color. Juan Germán tiene nuevamente 17 años.

Ahora Juan va en primer año de la Preparatoria Central de la UAS. Es alegre, cariñoso, aficionado al futbol y pide a su madre que lo enseñe a bailar. Culiacán tiene entonces (1977) otra traza urbana, es más pequeño. El cine Diana exhibe en cartelera la película Rebelde sin causa, el protagonista es James Dean. La música de moda es la disco, y los diarios anuncian que Jorge Chávez Castro será el candidato del PRI a la Alcaldía. En esa pequeña ciudad, donde los pantalones acampanados son usados por igual, por hombres y mujeres, vivía Juan Germán.

Un joven que para los órganos de espionaje del gobierno y la Inspección General de la Policía Municipal, era miembro activo de la Brigada Margarita Andrade Vallejo, de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Un movimiento de ideología socialista, que integró a estudiantes, maestros, obreros y campesinos. Doña Consuelo no acepta esa versión oficial. Su hijo no era un criminal, no tenía apodos como "Pancho","Carrasco" o "Negro". Tampoco era capaz de portar una pistola marca Trejo, calibre .38. Él, sólo era Juan Germán, el quinto de sus hijos.

La otra historia

En el país fueron más de 500 los desaparecidos de 1970 a principios de 1980, en un periodo que se caracterizó por la represión gubernamental de disidentes, entre ellos los integrantes de la Liga 23 de Septiembre, fundada en Guadalajara, y que operó en Sinaloa y otros estados, explicó el periodista e investigador del tema, Jacinto Rodríguez Munguía.

"Eran los años en que el PRI se veía eterno, y nadie lo iba a sacar. No podemos quitar el asunto de la guerrilla en México sin lo que estaba pasando en toda Latinoamérica, y al mismo tiempo una lucha feroz entre dictaduras militares, y toda unaideología socialista, comunista", indica. El colaborador de la revista Emeequis y autor del libro La otra guerra secreta , en el que relata la autocensura ycorrupción de la prensa en la llamada Guerra Sucia, agregó que las desapariciones más numerosas, ocurrieron entre 1977 y 1978. Muchos "guerrilleros" fueron torturados y asesinados.

El espionaje gubernamental fue una arma muy utilizada. Integrantes de cuerpos policiacos se capacitaron en técnicas de tortura, utilizadas en Brasil, Argentina y Guatemala. "Para entonces la guerrilla ya está de salida, ya les pegaron en la cabeza, los desmantelaron, les quitaron a sus líderes, les mataron a mucha gente. Yo ubicaría desde el 73 como el arranque de los enfrentamientos y desapariciones, y hasta los 80, dentro del contexto de las guerrillas". "Por mucho que estos locos, soñadores, románticos, aventurados, rijosos, por mucho que hubieran estado armados, no se puede comparar con la fuerza que tenía el Estado. El Estado sabía que no iban a lograr nada, y sin embargo los enfrentaron, detuvieron, torturaron, los desaparecieron, por eso hay una deuda, qué pasó con ellos... es una pregunta difícil de responder".

"Era muy lindo. En las tardes se bañaba, se cambiaba y me pedía para ir por un refresco con pan. Se juntaba con los muchachos del mismo barrio. Pintaba dibujos, algún héroe de la Independencia , caballos, y aunque ya estaba grande, le gustaba mucho jugar a los carritos", expresa. "Me decía, 'mamá, enséñame a bailar', y yo le decía 'ay hijo, yo no sé bailar, mejor dile a tus hermanas".

La desaparición
Las clases de baile nunca llegaron. Juan Germán salió de su casa en la colonia Ejidal y se fue a la escuela el viernes 19 de agosto de 1977. No regresó. "Mi hijo estudiaba en la Prepa Central , estaba en primer año, y se fue a la prepa y ya no regresó, y yo esperándolo, esperándolo y nada, nada".

Evidencias encontradas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, se refieren a una ficha de identificación de la Inspección General de la Policía Municipal en la que se relata el arresto de Juan Germán. Llevaba una pistola marca Trejo, calibre .38 con seis cargadores y una bomba (piña). Opuso resistencia y fue sometido. "Agentes de esta Dirección y de la Brigada Especial en Culiacán, tienen detenidos a: [...] Juan Germán FloresCarrasco", termina el archivo. Lo que sucedió después, no lo consigna ningún
documento.

La desaparición no fue difundida por los diarios. Seis días después, el 25 de agosto de 1977, una nota publicada en Noroeste refiere que en la casa 736, de la colonia Morelos, alrededor de 15 supuestos agentes policiacos llegaron en tres camionetas, buscando a Manuel (Alapizco), quien resultó herido y posteriormente murió. En el lugar, según los vecinos, arrestaron a la esposa de él, Martha Camacho, y a un menor de edad, que doña Consuelo asegura, era su hijo. Otros documentos policíacos mencionan que Manuel Alapizco era maestro en la Preparatoria Central , y en la Liga 23 de Septiembre tenía la responsabilidad de reclutar jóvenes para el movimiento.

El sueño
Tras la desaparición de su hijo, para Doña Consuelo siguió una búsqueda en hospitales, dependencias y la Procuraduría. Lavaba y cocinaba en las noches para no desatender a su familia. En el día, seguía buscando. En esa época, una noticia es seguida con atención en los medios. Elvis Presley ha muerto. El deceso del Rey del Rock ocurrió cuatro días antes (16 de agosto de 1977). Al parecer sufrió un ataque respiratorio. Tenía 42 años.


En la UNAM , una larga huelga laboral recién terminaba. Se habían suscitado temores de una represión militar como la del 2 de octubre de 1968, en la Plaza de Tlatelolco. Pero la solución fue más pacífica. Los movimientos civiles y las persecuciones de disidentes, se masificaban en el país y Latinoamérica. Doña Consuelo lo ignoraba, pero las desapariciones de integrantes de las guerrillas se extendían a otros estados, Guadalajara, Ciudad de México, Monterrey y Chiapas. En Sinaloa, según los archivos, fueron 42.

Unas semanas más tarde, quizá días (1977), Doña Consuelo tuvo un sueño. Un mensaje que, dice, Dios le envió. Las imágenes que vio, acrecentaron sus temores, pero también le dieron esperanza. "Yo soñé a mi hijo en esos días, que lo tenían semidesnudo en esa alberca, casi ahogándose, torturándolo, me dio miedo pero también pensé que estaba vivo".

Con nuevas esperanzas de encontrar a Juan Germán, siguió la indagación ante la total negativa de las autoridades. Nadie le daba respuestas. En la Procuraduría se encontró a otras mujeres con historias similares a la suya. Juntas formaron la Unión de Madres con Hijos Desaparecidos. Llegaron a ser más de 20, hoy sólo quedan menos de ocho.

"Soñé que había llegado Juan Germán" La formación de la alianza de madres, siguió la "lucha", dice Doña Consuelo. Fueron a Tijuana. Les dijeron que allá estaban sus hijos. Sólo encontraron intimidaciones de la Policía. En la Ciudad de México, en una fecha que no alcanza a recordar, pidieron limosna cuando el dinero se les terminó. Tampoco lograron mucho.
Los años transcurrieron. Los gobernantes cambiaron. "Todos nos tocaron y todos dijeron lo mismo. Ninguno nos ayudó". En la búsqueda inconclusa, Doña Consuelo afirma que la vejez la alcanzó (76 años). Su esposo, Vicente, murió hace algunos años.

El taller de herrería cerró. Ella vive con uno de sus siete hijos, en la colonia Canaco. De Juan Germán sólo le queda la copia enmicada del expediente en blanco y negro, que encontró en el Archivo General de la Nación, confidencial hasta el Gobierno de Vicente Fox abrió los archivos. Pero poco le ha servido para probar la participación de la Policía en su desaparición. El documento con la foto de su hijo muestra a Juan Germán de frente y perfil. Cabellera al hombro. Rostro delgado. Con la mirada fija en algún lugar. Doña Consuelo lo recuerda con el cabello más corto, en especial una vez que se lo dejaron casi a rape, y se puso a llorar.

A su memoria llegan otros instantes imborrables. Juan Germán ayudando a parir una gata negra en el taller de su esposo, años antes de desaparecer. Juan Germán en la sala de su casa en la colonia Ejidal, pidiéndole otra vez que lo enseñe a bailar. "Un día, hace poco, después de todo lo que he pasado, le pedí a Dios que me mandara una prueba si mi hijo estaba vivo. Y soñé que había llegado Juan Germán. Bien lo vi alto y delgadito, vestido de militar, cuello muy alto. Le dije 'mijo, mijo' y me abrazó. Le dije 'dónde estabas', 'estoy en Rusia' mamá, estoy en Rusia, me dijo...".

lunes, octubre 27

A 40 años del fatídico



2 de octubre de 1968

Sé que probablemente están hartos de leer al respecto, pero si lo hago es porque quizás haya alguien que no sepa del tema y es que como saben en la historia oficial se tergiversa todo y se minimiza el suceso, en su momento, las fuentes oficiales reportaron sólo 20 muertos. Al menos en mi época de estudiante jamas se toco el tema, como muchos otros temas, de la matanza del 2 de octubre me entere por compañeros de la vocacional, después de eso pregunte en casa y mi padre me contó de lo sucedido pues en esa época él era estudiante, por suerte el no fue al mitin, yo me dedique a buscar información, libros, documentales, películas, para conocer mas de lo acontecido. Es de pena leer las declaraciones de los adolescentes en el periódico El Milenio.

Ya 40 años han pasado y los culpables quedaron impunes. Una verdadera tragedia, sé que la sobada frase 2 de Octubre no se olvida ha ido perdiendo sentido por que se ha repetido ad infinitum pero algo de cierto tiene, yo creo que la memoria es un arma de paz como aquella famosa cita que dice "Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla"

Un documental al respecto:






Libros recomendados si quieres saber mas:

  • La Noche de Tlatelolco (Elena Poniatowska)
  • Los días y los años (González de Albda)
  • México 68: juventud y revolución (Revueltas)
  • 68 (Paco I. Taibo II)
  • Los 68: París-Praga-México (Carlos Fuentes)
  • Parte de guerra. Tlatelolco 1968 (Carlos Monsiváis / Julio Scherer)
  • 1968: Todos los culpables (Jacinto Rodríguez Munguia)

Hacia el libro definitivo

La semana pasada, The History Chanel transmitió para Latinoamérica un documental de la productora Anima Films, titulado Masacre de Tlatelolco. Entre las varias voces que se escuchan, alguien menciona que pasados 40 años, hoy por fin existe certeza sobre lo que pasó la tarde y noche del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, además de que se ha puesto fin a la versión que negaba a los jóvenes la calidad de estudiantes para colocarlos como iniciadores de la provocación.
Esa verdad histórica con la que le hemos cerrado brecha en los últimos diez años, tiene que pasar, sin duda, por el reconocimiento del valor de trabajos como Parte de guerra (Editorial Aguilar), de Carlos Monsiváis y Julio Scherer, que dieron a conocer importantes documentos personales del general Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa Nacional.
No obstante, fue Carlos Montemayor quien, a través del análisis de esos documentos y del material fílmico aportado por la Secretaría de la Defensa entre 1993 y 1999, avanzó todavía más en la explicación del 2 de octubre. Primero en una serie de 12 textos publicados entre agosto y octubre de 1999 en la revista Proceso, y luego en su libro Rehacer la historia (Editorial Planeta), que compila esos artículos, el escritor analiza los partes militares, las responsabilidades desempeñadas por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y el jefe del estado Mayor Presidencial, Luis Gutiérrez Oropeza, en la emboscada contra los elementos del Ejército que acabaría desatando una escalada de violencia incontenible.

A poco más de un año de haber puesto en librerías La otra guerra secreta, un trabajo sobre las complicidades documentadas entre el poder y los medios en México, durante la llamada guerra sucia, Jacinto Rodríguez Munguía acaba de presentar un nuevo título que intenta aportar a la comprensión de los hechos que terminaron el 2 de octubre de 1968, con el golpe al movimiento estudiantil. 1968: Todos los culpables (Random House Mondadori) mira la tragedia a partir del conjunto de decisiones que los implicados tomaron y la información con la que contaban. Desde estas páginas, a través de nuevos documentos rescatados por el autor en las galerías del Archivo General de la Nación, puede advertirse —como escribió recientemente Enrique Krauze— “la marcada inclinación de Díaz Ordaz a ver huellas de una conjura contra México en cada minucia y la mala información con que contó para tomar sus decisiones”. Había demasiado de por medio, los mandos castrenses tomaron partido y se volvieron fuerza de las facciones que querían la designación presidencial que finalmente arrancó para sí Luis Echeverría.
Es difícil saber qué tan cerca estamos del libro definitivo del 68 mexicano. El de Jacinto trasciende los relatos subjetivos, las impresiones y el testimonio individual para hallar su lugar entre los nuevos textos que buscan reconciliarnos con la historia, cerrar esa brecha y pasar de los memoriales a la comprensión cabal.

viernes, octubre 3

Jacinto Rodríguez: Todos son culpables del 68


Las listas de los muertos, las necropsias, y los informes que minuto a minuto se cruzaron entre diversas instituciones desfilan a través de las páginas del libro que recuenta la historia a 40 años de ocurrida.

Para el escritor Jacinto Rodríguez, “la del 68 es una historia no de héroes, sino de culpables”, desde los estudiantes hasta las autoridades.

Para llegar a esa conclusión, Rodríguez buscó y localizó, durante años, documentos en el Archivo General de la Nación, de los cuales algunos nunca han sido revelados. Además, rescató y amplió textos que en algún momento publicó en algunos medios y que han sido clave para entender ese proceso social.

Datos relevantes como las listas de los muertos, las necropsias, y los informes que minuto a minuto se cruzaron entre diversas instituciones, desfilan a través de las páginas del libro.

Publicado por Random House Mondadori, bajo su sello Debate, el libro identifica, documenta y analiza una de las etapas cruciales en la historia de México, a casi 40 años de ocurrida.

El escritor adentra al lector en las horas más tensas e intensas de la masacre de la noche del 2 de octubre de 1968. Las historias se narran con todo detalle, pasado-presente-futuro, incluyendo a los personajes y los momentos de la revuelta estudiantil.

En su texto, el autor hace una crítica y una introspección de quiénes y porqué fueron culpables todos, incluida la memoria, el destino, los archivos, los papeles y todas sus huellas.

El autor es periodista e investigador. Estudió comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y posgrado en Letras Iberoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha colaborado en diversos medios impresos.

Además, ha investigado, durante años, documentos en el Archivo General de la NaNación y expedientes de la Policía secreta. En el 2005 publicó “Las nóminas secretas de Gobernación” y en el 2007 “La otra guerra secreta. Los archivos prohibidos de la prensa y el poder”, que fue prologado por Miguel Ángel Granados Chapa.

Fuente: Notimex

jueves, octubre 2

2 de octubre, 40 años de silencio



El Museo Memorial del 68 en Tlatelolco, conserva un gran número de testimonios de los hechos. Foto: Notimex
EXPOSICION
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Cuatro décadas después el dolor persiste entre sobrevivientes y allegados, transformado en impotencia y preocupación porque la memoria de la matanza no se pierda.

A 40 años de la matanza de Tlatelolco, los responsables murieron o se hicieron viejos, pero ninguno ha pagado ante la justicia la brutal represión ocurrida el 2 de octubre de 1968 contra estudiantes mexicanos que dejó al menos 44 muertos, según cifras oficiales.

En los “que no se ha logrado ni en el tiempo moderno, ni con la experiencia lamentable y la llaga abierta del movimiento del 68, terminar o disminuir a niveles más lógicos de la impunidad que vive el país” dijo a la AFP José Antonio Ibáñez, coordinador del programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana.

El 2 de octubre de 1968 a las 18:00 horas cientos de militares mexicanos dispararon contra los manifestantes cuando unos 8,000 integrantes del movimiento estudiantil se encontraban reunidos en la plaza de Las Tres Culturas en la capital mexicana.

La refriega duró hasta la medianoche dejando un número aún indeterminado de muertos entre estudiantes, vecinos, militares y policías, así como 2,360 personas detenidas.

La madrugada del 3 de octubre de 1968 un vocero de la presidencia informó que había 20 muertos y 70 heridos, pero los medios internacionales y la CIA registraron en su momento unos 300 decesos y tiempo después el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz dijo que fueron entre 30 y 40 fallecidos.

Silencio y olvido oficial

Los cinco presidentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI, 1929-2000) que le siguieron mantuvieron un hermetismo total sobre la masacre y sólo en 1998 se formó una comisión legislativa que llamó a declarar, sin mayores repercusiones, a Luis Echeverría, ministro del interior en 1968 y después presidente de México.

“La investigación más cuidadosa es la que hizo Kate Doyle de The National Security Achive de Estados Unidos que logró documentar 44 casos” dijo, por su parte, el investigador y promotor de la defensa de los derechos humanos, Sergio Aguayo.

Echeverría, al banquillo de la historia

La fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Delitos del Pasado, creada en 2003 por el gobierno de derecha de Vicente Fox, investigó el caso.

Como resultado del trabajo de la fiscalía, el ex presidente Luis Echevería es el único que enfrenta un arresto domiciliario por su avanzada edad, pero no por los hechos del 68, sino por la llamada guerra sucia de los años 70.

Díaz Ordaz murió en 1970, mientras que Echeverría por su edad “había perdido el sentido de la realidad y hoy la perdió ya en serio”, dice Jacinto Rodríguez, autor de “1968: todos los culpables”, un texto que salió a la venta esta semana.

“La mayoría de los militares involucrados ya están muertos, ya murió el (entonces) secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García y muchos otros”, agrega.

La fiscalía trató de fincar a Echeverría responsabilidades por el delito de genocidio, pero fue incapaz de acreditarlo jurídicamente.

“Fox obstaculizó a la fiscalía y se comprometió con el viejo régimen para darle una amnistía de facto”, aseguró Aguayó.

Esta fiscalía especial fue disuelta en 2006 y el seguimiento de los hechos de 1968 se relegó a una instancia de segundo nivel en la Procuraduría General de la República (PGR).

Calderón, el olvido

“El gobierno de (Felipe) Calderón no habla de eso, no creo que esté dispuesto a colaborar” y la evidencia de ese desinterés es que los archivos de la ex fiscalía están desaparecidos y la PGR niega toda información al respecto, agrega Aguayo.

Sin embargo, los mexicanos aún pueden buscar “una justicia a partir de una verdad histórica y saldar la herida con la sociedad”, sostiene Rodríguez.

En términos legales los delitos han prescripto, pero no caducaron ni social ni moralmente, y por eso una comisión de la verdad sería lo más adecuado, coinciden especialistas.

Pero también están de acuerdo en que son escasas las posibilidades de que prospere durante el gobierno de Calderón, cuando el ejército está nuevamente en las calles por el combate al crimen organizado, en una guerra que sólo en 2008 ha dejado más de 3,000 muertes.

Las voces del 68

“En ese momento no pensé en nada, ni en salvar la vida. En ese instante observas, observas. Sólo empiezas a considerar los riesgos sufridos mucho tiempo después”, relata Rául Álvarez Garín, al describir su fotografía mental de la matanza de Tlatelolco, hace 40 años.

“Estábamos prevenidos de persecuciones, detenciones y eventualmente alguna acción de violencia con resultados fatales. Pero no una acción militar de esa magnitud”, admitió quien entonces era un dirigente del Consejo Nacional de Huelga que encabezaba el movimiento estudiantil.

“Una estimación con bases firmes te indica que en las primeras dos horas y media de la matanza se dispararon 70.000 cartuchos percutidos. Es una cantidad brutalmente excedida”, recriminó Garín, quien fue detenido aquella tarde.

Rodolfo Echeverría era aquellos años un militante del Partido Comunista y estuvo en la plaza aquella tarde, pero una oportuna cita le obligó a marcharse y dejar a su mujer en la manifestación, que se preveía tranquila.

“Yo me enteré de todo a la noche por la televisión. Mi mujer llegó y me contó que ella y una hermana lograron huir de la explanada y esconderse en un departamento de un edificio cercano. Una mujer les abrió. Dentro ya había más gente”, rememora Echeverría, de 72 años.

Echeverría, quien hoy es funcionario de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, asegura que antes de la masacre, el Estado había tolerado la febril actividad política de una juventud ávida de libertades.

Echeverría fue detenido tres meses después y, como Garín, fue conducido en un primer momento a un centro militar.

“Los interrogatorios se desarrollaron en todos los casos bajo una presión física y psicológica directa. Todos los interrogatorios pueden ser calificados de tortura”, denunció Garín.

Ningún militar pagó por ello y los maltratos se convirtieron en un tema tabú, incluso por la propia voluntad de los supervivientes.

“Al ser cuestionados, la mayoría de los detenidos negó haber sido torturados. Nuestro machismo nos obligaba a hacernos los duros, a decir que lo aguantamos, a no admitir ante los demás que tuvimos miedo”, desarrolló.

La herencia del movimiento

El legado del movimiento estudiantil del 68 en México sigue siendo incierto, con una izquierda como su principal heredera que, aunque en las elecciones del 2006 logró posicionarse como la segunda fuerza del país, aún no termina de definir su estratégica política, coinciden algunos autores.

“En todas las regiones donde sopló el viento rebelde de 1968 se desvaneció por sí mismo o fue encauzado a través de medios políticos. México fue la vergonzosa excepción”, sentencia el historiador Enrique Krauze en la última edición de la revista Letras Libres.

Para el articulista Miguel Angel Granados Chapa, cercano a la izquierda, las transformaciones derivadas del 68 han sido “muchas”, sin embargo no incluyen “una mudanza en el sistema social y económico regido por una inequidad ofensiva y peligrosa”.

Por el contrario, propició un cambio entre “la relación de gobernantes y gobernados, que lentamente dejaron de ser súbditos para pretender comportarse como ciudadanos”, es decir una democratización con la que también coincide Krauze.

Con ellos coincide en parte también Rodolfo Echeverría, integrante de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, ex militante del Partido Comunista y del movimiento estudiantil del 68.

“Siento que la izquierda mexicana está enferma, padece una especie de esclerosis mental porque no ha desarrollado nuevos planteamientos”, comentó.

Los muertos de Tlatelolco esperan

Cuarenta años después, los autores de la matanza del 68 en México siguen impunes y aún no se ha esclarecido la verdad

Autor:
Leticia Pineda
Fecha de publicación:
1/10/2008

Cuarenta años después de la matanza de Tlatelolco, sus responsables murieron o se hicieron viejos, pero ninguno ha pagado ante la justicia la brutal represión ocurrida el 2 de octubre de 1968 contra estudiantes mexicanos que dejó al menos 44 muertos. La impunidad es la línea que une a estos cuatro decenios largos. Impunidad asociada con la falta de esclarecimiento de la verdad.

El 2 de octubre de 1968 cientos de militares mexicanos dispararon cuando unos 8.000 integrantes del movimiento estudiantil se encontraban reunidos en la plaza de las Tres Culturas (o Tlatelolco) en la capital mexicana. La refriega duró hasta la medianoche, dejando un número indeterminado de muertos entre estudiantes, vecinos, militares y policías, así como 2.360 detenidos. La madrugada del 3 de octubre, un portavoz de la presidencia informó que había 20 muertos y 70 heridos, pero los medios internacionales y la CIA registraron unos 300 decesos. Tiempo después, el entonces presidente Díaz Ordaz dijo que fueron entre 30 y 40.

Los cinco presidentes del PRI que lo siguieron mantuvieron un hermetismo total sobre la masacre y solo en 1998 se formó una comisión legislativa que llamó a declarar, sin mayor repercusión, a Luis Echeverría, ministro del Interior en 1968 y después presidente de México.

«La investigación más cuidadosa la hizo Kate Doyle de The National Security Archive de Estados Unidos, que logró documentar 44 casos», dijo el investigador y promotor de la defensa de los derechos humanos, Sergio Aguayo. La Fiscalía Especial para Delitos del Pasado, creada en el 2003 por el Gobierno de Fox, investigó el caso. Como resultado, el ex presidente Echeverría es el único que se enfrenta a un arresto domiciliario por su avanzada edad, pero no por los hechos del 68, sino por la guerra sucia de los años setenta.

Ordaz murió en 1970, y Echeverría, por su edad, «había perdido el sentido de la realidad y hoy la perdió ya en serio», dice Jacinto Rodríguez, autor de 1968: todos los culpables, que salió a la venta esta semana. «La mayoría de los militares involucrados ya están muertos», agrega.

La Fiscalía trató de atribuir a Echeverría responsabilidades por el delito de genocidio, pero fue incapaz de acreditarlo jurídicamente. «Fox obstaculizó a la Fiscalía y se comprometió con el viejo régimen para darle una amnistía de facto», asegura Aguayo. Esta fiscalía especial fue disuelta en el 2006, y el seguimiento de los hechos de 1968 se relegó a una instancia de segundo nivel.

«El Gobierno de Calderón no habla de eso, no creo que esté dispuesto a colaborar y la evidencia de ese desinterés es que los archivos de la ex fiscalía están desaparecidos», agrega Aguayo. Sin embargo, los mexicanos aún pueden buscar «una justicia a partir de una verdad histórica y saldar la herida», sostiene Rodríguez. Legalmente, los delitos han prescrito, pero no caducaron ni social ni moralmente, por lo que hay margen para una comisión de la verdad.

Los imprescindibles del 68

Jueves, 2 Octubre, 2008

Carlos Monsiváis: “Lo inexplicable de lo sucedido en Tlatelolco, es lo explicable de la necesidad de dominio de una clase en el poder”. En escuelas, plazas y avenidas, escenarios de una urbe que ya rebasaba los cuatro millones, estalló la algarabía de miles de jóvenes que rechazaban el orden inicuo, enfrentados un dilema hamletiano: “¿democracia o revolución?” (40 años después, ninguna revolución y poca democracia...).

En el aire del tiempo quedaron suspendidas las consignas del 68: “¡Libertad a los presos políticos!” (o la continuidad de las luchas sociales: julio, “una chispa puede incendiar la pradera”); “¡A esa mano tendida, háganle la prueba de la parafina!”; “¡Pueblo, no nos abandones / únete pueblo!”; “¡Diálogo público!” (la utopía de la democracia directa: una intuición materializada 12 años después en la lucha de los obreros polacos);”¡Prensa vendida!” (constatación unánime matizada por una manta en el Club de Periodistas: ”¡No todos!”); la comuna de Topilejo (agosto o el verano de nuestro descontento); el informe de GDO:”…hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos” (septiembre negro o el lenguaje de plomo); …y octubre cruel: “Al día siguiente, nadie” (Rosario Castellanos, Memorial de Tlatelolco). La multitud de voces y el retumbar de miles de pasos (de las manifestaciones del 5, 13 y 27 de agosto y la conquista del Zócalo a la marcha del silencio del 13 de septiembre), fueron brutalmente sofocados por la metralla militar (de Tlatelolco 68 a Tiananmen 89). “Un país herido” (1968-…):”2 de octubre no se olvida” (o el compromiso político del recuerdo); “Tiembla burguesía porque te quedan pocos milenios de vida…”

2. Si un joven quisiera entender hoy qué sucedió ese año “axial” (pero tan lejano ya para las nuevas generaciones), ¿cuáles libros lo acercarían a una visión crítica? Señalaremos sucintamente sólo los que hoy siguen en librerías (y tal vez en algunas bibliotecas): Ramón Ramírez, El movimiento estudiantil de México: julio-diciembre de 1968 (Era, México 1969): día a día, relación de hechos (complementado con: Aurora Cano A., comp., 1968: antología periodística, UNAM, México 1993); Carlos Monsiváis, Días de guardar (Era, México 1970): implacable radiografía del poder

autoritario, su responsabilidad criminal y sus rituales; Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco (Era, México 1971): insuperado collage de testimonios originales; E. Valle E., R. Álvarez G. y J. Revueltas, Los procesos de México’68. Tiempo de hablar. Proceso 272/68. Alegatos de defensa (Editorial Estudiantes, México 2008, 3ª ed.): documenta la sumisión del poder judicial a la presidencia criminal; Carlos Montemayor, “Rehacer la historia: 2 de octubre, Tlatelolco”, en La guerrilla recurrente (Debate, México 2007, pp. 159-231): riguroso análisis de archivos oficiales y fílmicos que demuestra el designio homicida de Díaz Ordaz y sus jefes militares; ensayos de Paz, Fuentes, Revueltas, Sergio Zermeño, José Agustín, Volpi, Pérez Arce; narrativa y poesía de González de Alba, Gerardo de la Torre, Sabines, Bañuelos…

Y también hay otras obras importantes inencontrables (ver “Bibliografía 68” en www.biblional.bibliog.unam.mx ; y en Jacinto Rodríguez Murguía, 1968: todos los culpables, Debate, México 2008, pp. 257-73).

anaya.jess@gmail.com

Todos los culpables de la masacre del 68

Jacinto Rodríguez Munguía publica libro sobre la represión en Tlatelolco, consultando archivos inéditos.

Por: Aurora Frías López
Villahermosa, Tabasco

Para Jacinto Rodríguez Munguía, todos somos culpables de lo ocurrido el 2 de octubre de 1968, pues la apatía de distintos sectores contribuyó al parteaguas de la historia moderna de México.

Es así, con esta tesis con la cual el periodista mexicano publica su nuevo libro '1968: todos los culpables', basado en las investigaciones en archivos que hasta ahora eran inalcanzables e incluso secretos sobre los acontecimientos de aquella fecha que hoy cumple cuatro décadas.

“Este libro es una posibilidad de nueva información, es un libro que no pudo haberse escrito hace cuatro años porque fue hasta que se dio la oportunidad de tener acceso a información de archivos que era inimaginable que existiera la posibilidad, se puede identificar este libro con la espera, la paciencia para poder hacer un corte histórico”, aseverando que esto es justo la diferencia entre las bibliografías que ya existen respecto a este suceso y su libro, el cual se basa en archivos de la nación.

Recordó que con esta publicación culmina un tema que le interesó desde que él se inició dentro del periodismo, aunque su investigación sólo requirió cuatro años, en los que aprovechó la apertura de los archivos de la policía secreta.

“Todos, lo digo en plural, todos en gran medida somos culpables, tenemos un grado de responsabilidad frente a lo que pasa en el país, lo del 68 es historia, el libro apela a hacer a un lado la indiferencia que pesa sobre este país, a no quedarnos callados como ocurrió en gran medida por parte de los grupos sociales y de personajes concretos en esa época, es una llamada de atención que nos alcanza por eso el 68 sigue siendo un tema recurrente y va estar ahí, porque nos hemos negado como sociedad, como individuos, a asumir en la parte de culpa que nos corresponde”, alegó.

Rodríguez Munguía en su investigación habla acerca de las posiciones de los diversos sectores de la sociedad en aquel movimiento del 68, llegó así a la conclusión de que prevaleció una apatía por parte de la iglesia, los intelectuales, las autoridades del Poder Judicial y de los medios de comunicación, “todos ellos se convirtieron en espectadores, en público, no actuaron por temor a represalias, no manifestaron sus ideas porque podían verse afectados, por eso decidieron ser público y por eso son culpables, no se comprometieron con sus ideas”, dijo.

Aunque en esa repartición de culpas desde la perspectiva del autor también reiteró que la actitud de los intelectuales fue lamentable, pues dijo que se tardaron en asumir el compromiso con los estudiantes, ya que se manifestaron pero cuando el ejército ya había tomado las calles, explicó el entrevistado.

“José Revueltas es de los pocos que se salvan, él se vuelve uno de los líderes visibles intelectuales y así se van a registrar, son los que van a generar muchas ideas, pero sí gran parte de los intelectuales tienen culpa, Revueltas es de los pocos que sí asumió su papel, lo encarcelaron, tuvo condena social, vaya, hay de culpas a culpas, hay grados de culpabilidad”, apuntó el autor también de libros como Las nóminas secretas de Gobernación y La otra guerra secreta.

Finalmente Jacinto Rodríguez Munguía expuso que “lo que pasó fue un conflicto entre buenos y malos, entre extremos, entre un poder autoritario y estudiantes que se deciden tomar las calles de la manera más romántica, hoy en día me parece más claro que el 68 no fue solo un movimiento en lo que terminara el drama, no es pura tragedia, como se tiene la idea, es terrible lo que pasó, pero es más, es una gran fiesta, un momento de ruptura de México y otro, descarga emocional de jóvenes, es la condición humana puesta en una gran arena donde se movió todo desde un símbolo, la cotidianeidad, la cultura, las visiones de mundo, las guerras de las potencias, los sueños, las utopías, 2 de octubre por eso es tan rico, por eso digo que va ser difícil que alguien por decreto diga que se olive el 68”, concluyó.

Una Comisión de la Verdad superaría el trauma de la masacre de 1968, dice un experto

EFE

Actualizado 02-10-2008 20:23 CET

México.- Una Comisión de la Verdad que haga un juicio histórico sobre la responsabilidad de personas y grupos en la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968 resolvería las dudas y superaría los traumas de esa tragedia, que enlutó a México hace 40 años, dijo hoy a Efe el escritor Jacinto Rodríguez Munguía.
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(EFE)

Aspecto de la exposición permanente "Memorial del 68" que se exhibe en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco en Ciudad de México, donde se muestran documentos de estudiantes desaparecidos durante el enfrentamiento con fuerzas oficiales del 2 de octubre de 1968.

"Es necesario que el Estado asuma su responsabilidad en los hechos del 68, para cumplir una deuda histórica", dijo el experto, que recién publicó el libro "1968: todos los culpables" (Random House Mondadori, 2008) .

Rodríguez explicó que el movimiento estudiantil de 1968 que reclamaba libertades y fin a la represión ante un gobierno autoritario fue un momento de definición que marcó el desarrollo posterior de los acontecimientos en las siguientes décadas y que fijó las demandas de democracia y libertad para los mexicanos.

El 2 de octubre de 1968 el Ejército mexicano disolvió a tiros un mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en el barrio de Tlatelolco de la capital, en un hecho que causó unas cuatro decenas de muertos, según los datos oficiales, aunque grupos civiles elevan la cifra de fallecidos a 400.

El escritor indicó que es urgente que toda la sociedad defina su posición respecto a ese crimen después de que todos los sectores callaron con un silencio cómplice debido al régimen autoritario y represivo que existía.

"Ni los empresarios, ni la Iglesia, ni los sindicatos, ni los medios de información, ni el Poder Judicial, ni muchos sectores condenaron una artera masacre, cometida con toda impunidad y con el argumento de que había una conjura comunista que pretendía destruir al régimen", señaló Rodríguez Munguía.

Dijo que no basta con someter a juicio penal a los culpables principales, puesto que la mayoría ha muerto y sólo queda el ex presidente Luis Echeverría (1970-1976), quien entonces era el ministro del Interior en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970).

"Echeverría es un hombre al que no le importa el juicio de la historia; él hizo su propia historia y acaba de decir que no tiene por qué pedir perdón", señaló el escritor.

Rodríguez recuerda que el movimiento estudiantil, que surgió por la represión a dos grupos de estudiantes en julio de ese año, fue convirtiéndose en una avalancha de protestas contra las políticas represivas y en demanda de libertades.

El escritor aseguró que la matanza de Tlatelolco fue una tragedia que pudo haberse evitado, pero fue alimentada por las pugnas y traiciones entre generales y políticos que participaron en los hechos para ganar la lucha interna por la sucesión presidencial.

"El 2 de octubre fue una arena donde se dirimieron los conflictos entre los principales generales y políticos, entre estos el ministro de Gobernación, Luis Echeverría, el secretario de Defensa, Marcelino García Barragán, y los generales Luis Gutiérrez Oropeza (jefe del Estado Mayor Presidencial), y Mario Ballesteros, jefe del Estado Mayor de la Defensa", dijo Rodríguez.

El investigador señaló que estos grupos fabricaron la imagen de que el movimiento desestabilizaría al Gobierno y por lo tanto se debía acabar con él, costara lo que costara.

Ese 2 de octubre el batallón castrense "Olimpia" se infiltró en el mitin con la orden de detener a todos los dirigentes para frenar las movilizaciones, mientras que soldados del ejército establecían círculos de seguridad para evitar que escaparan.

No obstante, según versiones del entonces ministro de la Defensa, Marcelino García Barragán, el Estado Mayor Presidencial colocó francotiradores que dispararon contra la multitud y comenzó el tiroteo que derivó en la masacre.

El escritor afirmó que después de cuatro décadas han comenzado a develarse algunos de los conflictos entre los grupos que se disputaban el poder en el proceso de transición presidencial, que finalmente fue ganada por Echeverría.

Dijo que en 1968 se cayó el mito de un ejército pasivo y sumiso a las decisiones del poder civil, y que gracias a las filtraciones y los archivos dados a conocer 40 años después se pueden documentar las traiciones e intrigas.

A 40 años de la matanza de Tlatelolco el silencio estatal perdura en México

A 40 años de la matanza de Tlatelolco, los responsables murieron o se hicieron viejos, pero ninguno ha pagado ante la justicia la brutal represión ocurrida el 2 de octubre de 1968 contra estudiantes mexicanos que dejó al menos 44 muertos, según cifras oficiales


AFP - La impunidad es la línea que une a estos 40 años en los "que no se ha logrado ni en el tiempo moderno, ni con la experiencia lamentable y la llaga abierta del movimiento del 68, terminar o disminuir a niveles más lógicos de la impunidad que vive el país" dijo a la AFP José Antonio Ibáñez, coordinador del programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana.

El 2 de octubre de 1968 a las 18h00 cientos de militares mexicanos dispararon contra los manifestantes cuando unos 8.000 integrantes del movimiento estudiantil se encontraban reunidos en la plaza de Las Tres Culturas (o Tlatelolco) en la capital mexicana.

La refriega duró hasta la medianoche dejando un número aún indeterminado de muertos entre estudiantes, vecinos, militares y policías, así como 2.360 personas detenidas.

La madrugada del 3 de octubre de 1968 un vocero de la presidencia informó que había 20 muertos y 70 heridos, pero los medios internacionales y la CIA registraron en su momento unos 300 decesos y tiempo después el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz dijo que fueron entre 30 y 40 fallecidos.

Los cinco presidentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI, 1929-2000) que le siguieron mantuvieron un hermetismo total sobre la masacre y sólo en 1998 se formó una comisión legislativa que llamó a declarar, sin mayores repercusiones, a Luis Echeverría, ministro del interior en 1968 y después presidente de México.

"La investigación más cuidadosa es la que hizo Kate Doyle de The National Security Achive de Estados Unidos que logró documentar 44 casos" dijo, por su parte, el investigador y promotor de la defensa de los derechos humanos, Sergio Aguayo.

La fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Delitos del Pasado, creada en 2003 por el gobierno de derecha de Vicente Fox, investigó el caso.

Como resultado del trabajo de la fiscalía, el ex presidente Luis Echevería es el único que enfrenta un arresto domiciliario por su avanzada edad, pero no por los hechos del 68, sino por la llamada guerra sucia de los años 70.

Díaz Ordaz murió en 1970, mientras que Echeverría por su edad "había perdido el sentido de la realidad y hoy la perdió ya en serio", dice Jacinto Rodríguez, autor de "1968: todos los culpables", un texto que salió a la venta esta semana.

"La mayoría de los militares involucrados ya están muertos, ya murió el (entonces) secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García y muchos otros", agrega.

La fiscalía trató de fincar a Echeverría responsabilidades por el delito de genocidio, pero fue incapaz de acreditarlo jurídicamente.

"Fox obstaculizó a la fiscalía y se comprometió con el viejo régimen para darle una amnistía de facto", aseguró Aguayó.

Esta fiscalía especial fue disuelta en 2006 y el seguimiento de los hechos de 1968 se relegó a una instancia de segundo nivel en la Procuraduría General de la República (PGR).

"El gobierno de (Felipe) Calderón no habla de eso, no creo que esté dispuesto a colaborar" y la evidencia de ese desinterés es que los archivos de la ex fiscalía están desaparecidos y la PGR niega toda información al respecto, agrega Aguayo.

Sin embargo, los mexicanos aún pueden buscar "una justicia a partir de una verdad histórica y saldar la herida con la sociedad", sostiene Rodríguez.

En términos legales los delitos han prescripto, pero no caducaron ni social ni moralmente, y por eso una comisión de la verdad sería lo más adecuado, coinciden especialistas.

Pero también están de acuerdo en que son escasas las posibilidades de que prospere durante el gobierno de Calderón, cuando el ejército está nuevamente en las calles por el combate al crimen organizado, en una guerra que sólo en 2008 ha dejado más de 3.000 muertes.

Se recuerda la matanza de Tlatelolco



México, 1 oct (EFE).- Cuarenta años después de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en la plaza de Tlatelolco, diversos sectores sociales demandan justicia por ese crimen que marcó a México y por el que nadie ha sido juzgado ni sentenciado.

"Emplazamos a todos los sectores sociales, a las fuerzas políticas, a las instituciones a dar una respuesta y reconocer que la masacre del 2 de octubre fue un crimen de Estado que debe ser juzgado", dijo a Efe el dirigente del "Comité del 68" y uno de los líderes de ese movimiento, Raúl Álvarez Garín.

Explicó que la demanda de justicia ha permitido el arresto domiciliario del ex presidente Luis Echeverría (1970-1976), quien entonces se desempeñaba como ministro de Gobernación del mandatario Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y que ha sido acusado de genocida por su participación en esa matanza y en la llamada "guerra sucia".

El 2 de octubre de 1968, el Ejército disolvió a tiros un mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas en el barrio de Tlatelolco de la capital, en un hecho que causó unas cuatro decenas de muertos, según las cifras oficiales, aunque grupos civiles elevan la cifra de fallecidos a 400.

El juicio por genocidio contra Echeverría se ha aplazado desde hace dos años, después de que un juez ordenó la liberación de su arresto domiciliario por prescripción del delito, en una decisión que fue impugnada por el "Comité del 68" para reiniciar nuevamente el proceso contra el ex mandatario.

Álvarez Garín indicó que el caso por genocidio se llevará a los foros y tribunales internacionales, y en particular, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que den su fallo sobre los crímenes de lesa humanidad.

"No se puede exonerar a Luis Echeverría como se ha pretendido hacer, si a nivel interno no se resuelve lo llevaremos al ámbito internacional", indicó.

Señaló que una exigencia actual es reactivar a la fiscalía especial para los desaparecidos que había avanzado en la investigación de numerosos hechos de tortura y recordó que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha reconocido 270 desaparecidos, así como la presunta responsabilidad de 70 funcionarios.

"El comité del 68", que agrupa a diversos dirigentes del movimiento estudiantil, ha pugnado por el juicio penal y político contra todos los culpables de la matanza de ese año y ha preparado diversas actividades para conmemorar el 40 aniversario del 2 de octubre.

Cada año, las organizaciones civiles y políticas llevan marchan desde Tlatelolco hacia el Zócalo capitalino para recordar a las víctimas y para reiterar su exigencia de justicia.

El escritor Jacinto Rodríguez Munguía dijo en una entrevista con Efe que aunque se han escrito miles de cuartillas sobre el movimiento estudiantil, la sociedad aún espera una verdad que explique las causas de la matanza y se haga el juicio histórico de todos los responsables.

Rodríguez señaló que cuatro décadas después de esos acontecimientos han comenzado a revelarse algunos de los conflictos entre los grupos que se disputaban el poder en el proceso de transición presidencial, que finalmente fue ganada por Luis Echeverría.

El experto, quien escribió el libro "1968: Todos los culpables", dijo que el Gobierno de Díaz Ordaz contaba con toda la información sobre el movimiento estudiantil y la masacre pudo haberse evitado si no hubiera sido por la pugna por la sucesión presidencial.

"El 2 de octubre fue una arena donde se dirimieron los conflictos entre los principales generales y políticos", afirmó Rodríguez.

No obstante, la sociedad espera un reconocimiento por parte del Estado de su responsabilidad en esos hechos, e incluso reclama una valoración histórica del papel que jugaron los medios de comunicación, la Iglesia Católica y numerosas instituciones que callaron ante la violación de los derechos humanos.

La escritora Elena Poniatowska, autora del libro "La noche de Tlatelolco", indicó recientemente que ahora que se cumplen 40 años de esos hechos "es un problema que no se ha resuelto".

"Todavía no se conoce el número de muertos y cada vez se descubren más cosas sobre esta masacre, que es ignorada o, más bien, escondida por el Gobierno", señaló. EFE

Y los culpables del 68, ¿dónde están?



Javier Rodríguez/EXonline

Tuvieron que pasar 10 años para que las madres de los estudiantes caídos el 2 de octubre de 1968, pudieran acudir a la plaza de las Tres Culturas a dejar veladoras en memoria de sus familiares muertos.

Tuvieron que pasar 20 años para que la tragedia ocurrida en Tlatelolco saliera al debate público; y hoy, han pasado 40 años, y la única verdad es que todavía no se define el nivel de responsabilidad de los actores que ordenaron y ejecutaron esa matanza.

Esta es la tesis que motivó a Jacinto Rodríguez Munguía para escribir ‘1968, Todos los culpables’, un libro editado por Grijalbo, en el que el autor hace un recuento de los hechos ocurridos entre el 22 de septiembre y el 2 de octubre de 1968, y aprovecha para hacer una denuncia contra el silencio que se ha mantenido en este oscuro capítulo de nuestro país.

En entrevista con EXonline, Rodríguez Munguía afirma que a pesar de la distancia en el tiempo, todavía hay grandes deudas al 2 de octubre de 1968. “Sigue faltando una Comisión de la Verdad que encuentre todos los elementos históricos; ¿cuándo nos vamos a poder mirar como sociedad para darnos cuenta de nuestros excesos?”.

‘Todos los culpables’ exhibe varios factores que, en voz del autor, dieron origen a la matanza de Tlatelolco: el miedo de Díaz Ordaz, la ambición política de Luis Echeverría, la obediencia versus desobediencia dentro del Ejército, y los aparatos de inteligencia, “son los grandes culpables”.

Rodríguez Munguía asiente que las instituciones y los aparatos de inteligencia no han madurado lo suficiente, a pesar de haber sido expuestos por los estudiantes hace 40 años.

“La gran aportación del 68 es la ruptura generacional, el gran golpe que le dan al muro construido por décadas de poder. Sin embargo, las instituciones no han madurado, no hay un aparato de inteligencia distinto al de esos años”.

“El problema de estos acontecimientos es que todavía siguen siendo un secreto… Y a nosotros como sociedad, nos complace el silencio. No nos gusta que nos digan las cosas”, concluye.

miércoles, octubre 1

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Presentación del libro....

El Ejército debe aclarar su actuación en el 68: Rodríguez Murguía

Educación | México | Matanza 68

El Ejército debe aclarar su actuación en el 68: Rodríguez Munguía. 

El autor del libro 1968: todos los culpables, aseguró que a cuatro décadas de los hechos es posible hacer un corte histórico

Posible hacer un corte histórico sobre hechos de Tlatelolco, dice

CIUDAD DE MÉXICO.-  La apertura de los archivos sobre los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, ha casi completado las piezas que revelan el rompecabezas sobre la masacre estudiantil, afirmó Jacinto Rodríguez Murguía.

 

El autor del libro "1968: todos los culpables", aseguró que a cuatro décadas de los hechos es posible hacer un corte histórico, en el que se presente la forma en que se movieron las piezas que arrastraron hacia la tragedia a un movimiento que sólo daba para ser una gran irrupción social.

 

"Había todas las condiciones para que no acabara como lo hizo y sin embargo, pareciera que se hizo todo para que ocurriera", dijo a Notimex Rodríguez Murguía.

 

Con 12 años dedicado al estudio del movimiento político-social, agregó que a partir de la apertura de los expedientes del gobierno que se encuentran en el Archivo General de la Nación (AGN) ha sido posible reconstruir las piezas que estaban sueltas o dispersas.

 

Señaló que aún existen dos asuntos pendientes relacionados con esos acontecimientos: que el Estado mexicano, sin importar ideología o partido de origen del titular del Ejecutivo federal en turno, acepte su responsabilidad en los hechos.

 

El segundo asunto es que el Ejército abra sus archivos y permita develar la historia, aún secreta, sobre su participación en esa jornada, añadió.

 

"Algunas partes sueltas están en los archivos de la Defensa Nacional; tiene mucha información y ello permitiría confirmar muchos temas internos del Ejército que los investigadores han planteado.

 

"Le haría bien al Ejército transparentar parte del 68. La historia no se cierra, pero se podría dar una gran respuesta en términos de memoria y tranquilidad social", aseveró.

 

En su libro, elaborado a partir de documentos desclasificados en poder del AGN, el autor subrayó el papel del Ejército y de los diferentes mandos militares que desembocaron en la masacre estudiantil.

 

Estableció que en la casa del rector de la UNAM, Javier Barrios Sierra, se gestionaba una negociación para resolver el conflicto que para entonces cumplía 73 días.

 

Mientras tanto el presidente Gustavo Díaz Ordaz se encontraba en su casa de descanso en Guadalajara, y los mandos militares trazaban otra ruta que desembocó en tragedia.

 

En noviembre de 2006, la Fiscalía Especializada en Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) presentó su reporte final: "Informe histórico a la sociedad mexicana 2006".

 

Con ese documento se pretendía dar una explicación definitiva sobre la represión ejercida en el país contra los grupos opositores al gobierno, señaló.

 

La fiscalía encabezada por Ignacio Carrillo Prieto concluyó su investigación sin señalar a los responsables de la masacre del 2 de octubre del 68; tampoco acreditó el número real de muertos en la Plaza de las Tres Culturas.

 

El organismo se limitó a establecer que la matanza duró más de dos horas y a señalar que hasta el cierre de la indagatoria resultó incompleta la lista real de los heridos, muertos y desaparecidos.

 

Como explicación de los hechos señaló la determinación del Estado de reprimir el movimiento estudiantil por demandar mayores libertades.

 

El libro de Jacinto Rodríguez, en cambio, da una amplia lista de culpables de la tragedia, aunque establece grados de responsabilidad y en otros casos, el señalamiento sirve para presentar el origen de la inconformidad de estudiantes a la que se sumaron otros grupos sociales.

 

Los capítulos del libro aluden a personajes que han sido señalados como responsables de la masacre: Los entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz; el secretario de Gobernación, Luis Echeverría; el general Marcelino García Barragán; Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, entre otros.

 

Los personajes citados han librado, sin mayor obstáculo, un proceso formal por los hechos y, en la mayoría de los casos su muerte ha evitado que la justicia los alcance, por lo que todo se reducirá a que la historia los juzgue.

 

Al respecto opinó que durante su trabajo en la Femospp se cometieron muchos errores, "quizá ni siquiera con intencionalidad. Y no sé si eso es más grave para estos procesos de revisión de la historia que hacerlo con la intención de proteger personajes o interpretaciones".

 

Rodríguez Murguía destacó como uno de los elementos a favor de la existencia de la fiscalía, que se hayan podido acceder a la información que hasta entonces era secreta. "Dio pie a la apertura de archivos y documentos que de otra forma se hubieran quedado en un cajón o gaveta".

 

Sin embargo, también advierte que su objetivo tenía carácter legal y sus conclusiones derivarían en alcances de esa índole, a diferencia del trabajo elaborado por investigadores o periodistas, como es su caso.

 

"Nosotros podemos equivocarnos. Somos generadores de materiales e interpretaciones, es parte del uso la libertad de expresión; la fiscalía en cambio tenía otro carácter", aseveró.

 

También señaló que luego de que el Estado accedió a conformar una fiscalía para investigar hechos como los del 68, no puede haber marcha atrás.

 

Por esa razón consideró que el siguiente paso que debe darse es reconocer que las autoridades de un Estado de otra época se equivocaron y aceptar su responsabilidad.